Sorbo matutino

El alba sigilosa comienza a rasgar la tiniebla mientras el silencio agoniza en medio de gorjeos lejanos. Mis pies desnudos terminan de despertar al roce de las frías baldosas que contrastan con el fogón ardiente. Se elevan hacia el techo, apenas visibles entre las sombras que se repliegan, graciosas siluetas de vapor.

Vierto una pequeña cascada de agua hirviente sobre el noble grano molido. El aroma exquisito se esparce por la atmósfera doméstica anticipando el gozo sensorial que se avecina. Tras una pausa solemne, las primeras gotas del elíxir caen al fondo del rústico pocillo. La espera es casi insoportable, pero finalmente obtengo mi premio.

La luz ahora ya entra con más brío por la ventana y el momento sublime llega: Un sorbo de café intenso y cargado de montaña se abre paso por mi garganta, inyectando fuerza y optimismo a cada célula de mi cuerpo. El día ha comenzado.

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